Etapa 1Por qué invertir

Nivel economía, etapa 2: Los precios

Cuando algo escasea, su precio sube, y eso avisa a todo el mundo a la vez.

Entre 2022 y 2023, la sequía dejó en España la mitad del aceite de oliva de un año normal. El precio que cobraban los productores pasó de unos 3,5 € el kilo a unos 9 €.

Nadie lo ordenó ni hizo falta. Ese precio fue el aviso de que había poco. Cuando volvió la lluvia, en 2025, bajó a menos de la mitad.

El aceite de oliva, en origen

Precio medio del aceite de oliva virgen extra que cobra el productor, aproximado.

Poolred y Ministerio de Agricultura. Valores redondeados.

Millones de personas reaccionaron al mismo aviso, sin que nadie las coordinara.

Nadie sabía cuánto aceite quedaba en cada almazara ni cuánto le hacía falta a cada familia. El precio resumió todo eso en una cifra.

Con esa cifra, cada uno hizo lo que le compensaba: comprar menos, cambiar de aceite o traerlo de fuera. Ningún ministerio lo habría repartido mejor, ni tan rápido.

Un aviso, millones de reacciones

El precio sale del tira y afloja entre los que venden y los que compran.

Cuanto más caro, menos quieren comprar los compradores y más quieren vender los productores. El precio se para donde las dos cantidades coinciden: ahí no sobra ni falta.

La balanza del precio

Aceite de oliva, en un modelo sencillo. Cada línea dice cuánto se compraría (azul) y cuánto se vendería (naranja) a cada precio.

Pruébalo. Baja la cosecha y mira cómo sube el precio. Luego ponle un tope y mira qué pasa.

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Si algo es imprescindible, aunque suba, se sigue comprando casi lo mismo.

Si sube la gasolina, casi todos seguimos yendo a trabajar en coche, al menos durante un tiempo. Si sube una marca de refresco, cambiamos de marca y ya está.

Por eso los gobiernos cobran sus impuestos más altos justo a lo imprescindible: la gasolina, la luz, el tabaco. Aunque suban, seguimos comprando. Lo verás en la etapa de los impuestos.

Si el precio sube un 10 %, cuánto menos se compra

A corto plazo y en números redondos: cuanto más fácil es cambiar a otra cosa, más cae.

Estimaciones típicas de la elasticidad precio de la demanda. Varían según el país, la época y el plazo.

Sin precios libres, nadie puede saber qué conviene producir. Mises lo explicó en 1920.

Un planificador tendría que decidir cuántos zapatos, de qué tallas, con qué cuero, en qué fábricas y para quién. Sin precios de mercado, no tiene forma de saber qué es caro, qué es barato ni qué desperdicia recursos.

Ludwig von Mises lo anunció en 1920, cuando casi nadie le creyó. La URSS vivió setenta años de colas, de estanterías vacías y de fábricas que cumplían el plan produciendo lo que nadie quería.

Lo que tendría que saber un planificador

Si el precio no puede subir, lo que falta se reparte de otra forma: con colas.

Un tope al precio parece proteger al comprador. Pero si hay la mitad de aceite y el precio no puede subir, todos siguen queriendo comprar lo mismo. No hay para todos, y alguien se queda sin.

Entonces se reparte por turno o por enchufe: estanterías vacías, colas y un mercado negro donde sí se paga más. Pasó con la gasolina en EE. UU. en 1973 y con casi todo en Venezuela desde 2003.

Media cosecha y un tope al precio

Ejemplo: 100 personas quieren lo mismo que un año normal, pero solo hay aceite para 50.

Cada vez que el Estado corrige un precio, provoca un problema que le pide otra corrección.

Mises puso este ejemplo: el Gobierno quiere que la leche sea barata y le pone un tope. A ese precio, a muchos ganaderos ya no les compensa, venden sus vacas y hay menos leche.

Para arreglarlo, el Gobierno pone topes al pienso. Entonces faltan piensos… Al final, o deshace todo o acaba decidiendo qué se produce. Es la espiral del intervencionismo.

La leche barata, según Mises

El ejemplo es de Ludwig von Mises, «La política de la vía media conduce al socialismo» (1950).

Topar los alquileres ayuda a quien ya tiene piso, y deja menos pisos para los que buscan.

En 1994, San Francisco extendió el tope del alquiler a más edificios. Unos economistas de Stanford siguieron qué pasó durante veinte años: los inquilinos protegidos se quedaron, pero muchos propietarios sacaron sus pisos del alquiler y el precio subió en el resto de la ciudad.

Cataluña topó los alquileres en 2024. Los portales inmobiliarios vieron caer mucho la oferta; el Gobierno destaca que el precio bajó un poco. Para quien no encuentra piso, lo que cuenta es la oferta.

San Francisco, tras ampliar el tope en 1994

Cambio frente a edificios parecidos que no quedaron bajo el tope.

Diamond, McQuade y Qian (2019), American Economic Review.

La gente responde a lo que le compensa, también a lo que el legislador no previó.

En 1989, Ciudad de México prohibió circular un día a la semana a cada coche para reducir la contaminación. Muchas familias compraron un segundo coche, viejo y barato, para ese día. Hubo más coches, y más contaminantes.

La pregunta que siempre hay que hacerse ante una norma es qué hará la gente para que le compense. Ahí suele estar lo que no se ve.

«Hoy no circula», Ciudad de México, 1989

Lucas W. Davis (2008), Journal of Political Economy.

En 2022, España y Portugal toparon el precio del gas para hacer luz. La factura bajó, y la diferencia se pagó igual.

Durante un año y medio, el gas que se usaba para producir electricidad tuvo un precio máximo. El precio de la luz en el mercado bajó, pero la diferencia con lo que costaba de verdad el gas se cobraba aparte, en el recibo, como un «ajuste».

Y como la luz española salía más barata, Francia compró mucha más: parte del tope lo disfrutaron los franceses. Sus defensores destacan que la factura media bajó; sus críticos, que se pagó por otra vía y que se abarató justo lo que convenía ahorrar.

El tope al gas, paso a paso

Tope en vigor de junio de 2022 a diciembre de 2023. Datos de REE y de la CNMC.

«Los precios suben por la avaricia de las empresas». Pero la avaricia no aparece de golpe en 2022.

Las empresas siempre quieren cobrar lo máximo; eso no cambia de un año a otro. Si la avaricia explicara la inflación, la habría habido también en 2019, cuando los precios apenas subían.

Lo que cambió en 2021 y 2022 fueron el dinero, que se había creado a manos llenas, y la energía. Con más dinero persiguiendo las mismas cosas, las empresas pueden subir precios sin perder clientes. Sin ese dinero, la competencia se lo impediría.

Avaricia o dinero

Comprueba lo que has aprendido.

El Gobierno pone un tope al precio del pan por debajo de lo que cuesta hacerlo. ¿Qué es lo más probable?

¿Por qué, según Mises, una economía sin precios libres no puede funcionar bien?

Lo que te llevas de esta etapa.

  • El precio es un aviso: cuando algo falta, sube, y cada uno reacciona sin que nadie lo coordine.
  • Sin precios libres no se puede calcular qué producir. Mises lo explicó en 1920; la URSS lo confirmó.
  • Un tope al precio no crea más cosas: las reparte con colas y mercado negro.
  • Una intervención lleva a otra.
  • Topar alquileres protege al que tiene piso y perjudica al que lo busca.