Etapa 1Por qué invertir

Nivel economía, etapa 17: Los políticos también responden a incentivos

Los políticos no son ni mejores ni peores que los demás: responden a sus incentivos, como todos.

Solemos imaginar que el Estado es un señor sabio que busca el bien común. James Buchanan, premio Nobel en 1986, propuso algo más sencillo: mirar a los políticos y a los funcionarios como a cualquier otra persona.

Un político quiere ganar las próximas elecciones; un ministerio, más presupuesto; un grupo de presión, su ley. Nada de eso es malvado, pero no tiene por qué coincidir con lo que te conviene a ti.

Lo que quiere cada uno

James M. Buchanan y Gordon Tullock, «El cálculo del consenso» (1962).

Lo que se nota antes de votar se adelanta; lo que se paga después, se aplaza.

Una subida de pensiones, un cheque, una obra que se inaugura: todo eso da votos y se ve enseguida. Los impuestos que lo pagarán, o la deuda que dejará, llegan años después, cuando quizá gobierna otro.

Por eso casi todos los gobiernos, de cualquier color, gastan más cuanto más cerca están las elecciones. No hace falta que nadie sea malo: es lo que premia el sistema.

El calendario de una promesa

Informarte a fondo de cada ley te costaría mucho y tu voto casi nunca decide nada. Así que no lo haces.

En unas elecciones generales votan más de 24 millones de personas. La probabilidad de que tu voto decida el resultado es prácticamente cero. Estudiar a fondo cada propuesta te costaría horas que no te compensan.

Los economistas lo llaman ignorancia racional. En cambio, el lobby del taxi o de las farmacias sí estudia al detalle la ley que le afecta. Por eso las leyes pequeñas suelen salir a su medida.

Unas elecciones generales, vistas por un votante

La probabilidad de que tu voto decida el resultado es prácticamente cero. No te compensa estudiar cada ley.

Anthony Downs, «Una teoría económica de la democracia» (1957). Unos 24 millones de votos en las generales de 2023.

Crear un programa público es fácil. Cerrarlo, casi imposible.

Cada programa, cada organismo, cada subvención crea gente que vive de ella: sus trabajadores, sus beneficiarios, sus proveedores. Todos defenderán que siga, aunque ya no sirva para lo que se creó.

En cambio, nadie se manifiesta por cerrar algo que le cuesta unos pocos euros al año. Por eso el gasto público casi siempre sube: se añade mucho más de lo que se quita.

La vida de un programa público

Cuando el Estado se equivoca, no quiebra: paga el contribuyente.

Si una empresa privada invierte mal, sus dueños pierden su dinero. Si lo hace el Estado, lo pagamos todos, y quien decidió rara vez responde.

España tiene ejemplos de sobra: el rescate de las cajas de ahorros, el almacén de gas Castor, aeropuertos sin aviones. Cada euro que se fue ahí es lo que no se ve: colegios, hospitales o impuestos más bajos que no hubo.

Algunas facturas que pagamos todos

Banco de España (2017) y otras fuentes. Cifras aproximadas.

Si no puedes cambiar a las personas, cambia las reglas del juego.

La propuesta de Buchanan no fue pedir mejores políticos, sino ponerles límites que no puedan saltarse: topes al gasto y a la deuda, presupuestos que se revisen desde cero y leyes que caduquen si nadie las renueva.

La Constitución española ya obliga, desde 2011, a la estabilidad presupuestaria. Se ha cumplido poco: por eso los liberales piden reglas más firmes y con consecuencias.

Las reglas que proponen los liberales

Casi nadie niega que los políticos responden a incentivos. Se discute qué hacer con ello.

La elección pública es hoy parte de la economía que se enseña en todas partes.

  1. Quienes confían más en el EstadoProponen más transparencia, mejores controles y funcionarios independientes para corregir los fallos.
  2. Los liberalesMejor reducir lo que se decide políticamente: cuanto menos poder para repartir, menos incentivos para abusar de él.
  3. Lo que te llevasAnte cada promesa, dos preguntas: ¿quién lo paga? y ¿a quién le conviene de verdad?

Comprueba lo que has aprendido.

A un año de las elecciones, un Gobierno anuncia una ayuda generosa sin decir cómo se pagará. ¿Qué te diría la elección pública?

¿Por qué los grupos de presión suelen ganar en las leyes que les afectan?

Lo que te llevas de esta etapa.

  • Los políticos responden a sus incentivos, como todos: ganar elecciones, más presupuesto.
  • Lo que da votos se adelanta; lo que cuesta, se aplaza.
  • No te informas de cada ley porque no te compensa; los grupos de presión, sí.
  • Crear un programa es fácil; cerrarlo, casi imposible. Por eso el gasto sube.
  • Cuando el Estado se equivoca, paga el contribuyente. Mejor reglas que aten las manos.