¿Se puede ganar al mercado? Suerte o talento, con datos

Cuando compras una acción, alguien te la vende. ¿Quién es, y por qué te la vende?

En bolsa no juegas contra «el mercado»: juegas contra quien está al otro lado de cada operación. Y casi nunca es alguien como tú.

  1. Al otro ladoFondos con un analista para cada sector, bancos de inversión, y algoritmos que operan en millonésimas de segundo con datos que tú no tienes.
  2. Su pregunta y la tuyaSi tú crees que esa acción va a subir, ellos creen lo contrario, y te la venden. Uno de los dos se equivoca. Para ganar, el que se equivoca tiene que ser casi siempre el otro.
  3. Esta lecciónPor qué es tan difícil ganar al mercado, y cuántos años harían falta para demostrar que alguien lo consigue. Las cuatro siguientes, una forma de intentarlo cada una. Y al final, las alternativas serias, medidas con todo lo anterior.

Antes de costes, todos los que intentan ganar al mercado juntos ganan lo que el mercado. Después, menos. Siempre.

No es una estadística: es una cuenta. William Sharpe la escribió en 1991. Todas las acciones las tiene alguien. Los indexados tienen su parte en el peso del índice y ganan lo que el índice. Por tanto, el resto, todos los que eligen, también ganan juntos lo que el índice, antes de costes.

Por cada uno que gana al mercado, otro pierde lo mismo, y los dos pagan comisiones. Kenneth French calculó que en EE. UU. se gastaba cada año un 0,67 % de todo el valor de la bolsa solo en intentarlo.

La cuenta de William Sharpe

Ejemplo con un mercado que gana un 8 % al año. Los que eligen, todos juntos.

William F. Sharpe, «The Arithmetic of Active Management», Financial Analysts Journal, 1991.

Lo que tú sabes, el precio ya lo sabía. Por eso solo se mueve con lo que nadie esperaba.

Eugene Fama lo llamó mercado eficiente: los precios recogen la información que hay. Si una noticia fuera una ganga, el primero que la viera compraría hasta que dejara de serlo. La ventaja se gasta al usarla.

  1. Lo que dice el pasado del precioNada útil. Si un gráfico anunciara lo que viene, se compraría hasta que dejara de anunciarlo. Fama lo llamó eficiencia débil.
  2. Lo que dice la información públicaTampoco. Cuando una empresa publica resultados, el precio se ajusta en segundos, antes de que acabes de leer el titular. Es la eficiencia semifuerte.
  3. Lo que no es públicoEso sí mueve los precios, y por eso usarlo es delito: información privilegiada.
  4. Lo que quedaLo que nadie sabe, el futuro. Por eso los precios se mueven casi al azar.

Si nadie buscara gangas, habría gangas. Por eso existen los gestores, y por eso apenas ganan.

Sanford Grossman y Joseph Stiglitz, este último Nobel en 2001, encontraron en 1980 la trampa de la teoría: si los precios fueran perfectos, nadie pagaría por analizar empresas, y entonces dejarían de serlo.

  1. El equilibrioEl mercado es casi eficiente: lo justo para que analizar compense a los mejores, por lo que les cuesta hacerlo. No sobra nada para los demás.
  2. Quién se lleva las gangasQuien llega primero, con más medios: fondos con datos por satélite, abogados que leen contratos el mismo día, máquinas que leen noticias en milisegundos.
  3. Y túTe beneficias de su trabajo sin pagarlo: gracias a ellos, el precio al que compras tu indexado es razonable.

Con suficientes jugadores, alguno gana diez años seguidos por pura suerte.

Imagina 1.024 gestores que eligen al azar. Cada año, la mitad gana al mercado y la otra mitad no. Tras un año quedan 512 que siempre han ganado; tras cinco, 32; tras diez, uno. A ese le harán entrevistas y le lloverá el dinero.

Buffett respondió en 1984 que si los ganadores comparten un método, como los discípulos de Graham, quizá no es suerte. Tiene razón en parte. Pero en el mundo hay decenas de miles de fondos: los genios de diez años tienen que existir aunque nadie tenga talento.

1.024 gestores que lanzan una moneda

Cada año, cada uno lanza una moneda: cara, gana al mercado; cruz, queda fuera.

Para distinguir talento de suerte hacen falta décadas, no un buen trienio.

El ratio de información de un gestor mide lo que gana a su índice entre lo que se separa de él. Su resultado se aleja de la suerte con la raíz cuadrada de los años: cuatro veces más años, solo el doble de prueba.

años necesarios ≈ (1,65 ÷ ratio de información)²

Gana 1,5 puntos al año y se separa 6ratio de 0,25
Años para que la suerte quede en 1 de cada 20(1,65 ÷ 0,25)² = 44 años
Uno excelente, con ratio de 0,511 años
Con diez años del primerola suerte lo explica 1 de cada 5 veces

Casi ningún gestor dura 44 años en el mismo fondo. Para cuando su talento se pudiera demostrar, se habría jubilado.

Pruébalo con cualquier historial.

Pon lo que dice el folleto de un fondo: cuánto ganó a su índice, cuánto se separaba de él y desde cuándo.

Fíjate en la segunda frase: cuántos gestores sin talento tendrían ese historial entre mil. Ahora piensa que en Europa se venden decenas de miles de fondos.

¿Suerte o talento?

A la izquierda, cuántos gestores sin talento tendrían un historial igual de bueno: 1 de cada 2, de cada 4, de cada 20…

Pruébalo. Pon lo que el gestor gana a su índice, cuánto se separa de él cada año y los años que lleva.

Los fondos que más ganan casi nunca repiten.

Si hubiera talento, los mejores seguirían entre los mejores. S&P lo mide cada año. En su informe de 2019, de los fondos de acciones del mejor cuarto, menos del 1 % seguía ahí cinco años después. En el de 2025, solo un 4,5 % de los grandes fondos de EE. UU. se mantuvo cinco años seguidos en la mitad buena: menos de lo que daría el azar.

Fama y French lo estudiaron con 3.156 fondos de 1984 a 2006: muy pocos ganaban lo bastante para cubrir lo que cobraban, no más de los que saldrían tirando monedas.

Los mejores fondos, cinco años después

Ejemplo simulado con fondos sin talento: lo que ganó cada uno a su índice en cinco años y en los cinco siguientes.

Los fondos que fracasan desaparecen, y con ellos sus malas cifras.

Las gestoras cierran o fusionan los fondos que van mal y los que quedan presumen de su historia. Es el sesgo del superviviente: las estadísticas solo ven a los que siguen vivos.

  1. En los folletosUna gestora lanza diez fondos. A los cinco años cierra los seis peores y anuncia los cuatro buenos. Todos sus fondos «ganan al mercado».
  2. En las bases de datosSi se calcula la media de los fondos que existen hoy, sale mejor de lo que fue. El informe SPIVA de S&P corrige esto contando también los que desaparecieron.
  3. En las redesSolo hablan los que ganaron. Los miles que perdieron no hacen vídeos. Ya lo viste en lo que te van a vender.

Diez fondos lanzados, cuatro anunciados

Ejemplo: lo que lanza una gestora y lo que anuncia cinco años después. Todos los que quedan «ganan al mercado», aunque en conjunto perdió.

Comprueba lo que has aprendido.

Un fondo ha ganado a su índice los últimos cinco años. ¿Qué es lo más probable?

Antes de costes, ¿cuánto ganan juntos todos los que intentan ganar al mercado?

Lo que te llevas de esta etapa.

  • Antes de costes, los que eligen ganan juntos lo que el mercado; después, menos. Es una cuenta.
  • Los precios ya recogen lo que se sabe: solo se mueven con lo que nadie esperaba.
  • Con miles de gestores, alguno gana diez años seguidos por suerte.
  • Distinguir talento de suerte exige décadas; los mejores rara vez repiten.
  • Las cifras que ves son de supervivientes: los que fallaron ya no están.

La pregunta siguiente: si ni los profesionales ganan, ¿y los gráficos? ¿Dicen algo de lo que hará el precio?