Etapa 1Por qué invertir

Nivel economía, etapa 1: Cómo piensa un economista austriaco

La economía no estudia el dinero ni las máquinas. Estudia lo que hacemos las personas para conseguir lo que queremos.

A finales del siglo XIX, en Viena, un grupo de economistas partió de una idea sencilla: la economía son personas que eligen. Cada una tiene sus fines, sus medios y su información, y nadie más los conoce del todo.

De ahí salió la escuela austriaca. Esta sección mira el mundo con sus ojos, con datos de España. Donde la mayoría de los economistas piensa distinto, te lo diremos.

Cuatro economistas de la escuela austriaca

Las cosas no valen por el trabajo que llevan dentro, sino por lo que alguien está dispuesto a dar por ellas.

Un vaso de agua vale poco en tu casa y muchísimo en el desierto. Es la misma agua, con el mismo trabajo dentro. Lo que cambia es lo que ese vaso vale para ti en ese momento.

Por eso un intercambio libre hace ganar a los dos: tú valoras más el pan que el euro, y el panadero, el euro más que el pan. Si no, ninguno lo haría.

Lo que pagarías por un vaso de agua

La misma agua, el mismo trabajo dentro. Cambia lo que vale para ti en ese momento.

Todo lo que se hace tiene un efecto que se ve y otros que no se ven. El buen economista mira los dos.

En 1850, Frédéric Bastiat contó la historia de un chico que rompe el cristal de una tienda. Alguien dice: «No es tan malo: el cristalero tendrá trabajo». Eso se ve.

Lo que no se ve: el tendero iba a gastar esos seis francos en unos zapatos. Ahora tiene un cristal, que ya tenía, y no tiene zapatos. El pueblo es más pobre. La idea vale para casi todo, también para lo que hace el Estado con tu dinero.

El cristal roto de Bastiat

El dinero va al cristalero. Los zapatos que el tendero iba a comprar no se venden, y nadie lo cuenta.

Ninguna persona en el mundo sabe fabricar sola un lápiz. Y, sin embargo, se fabrican millones.

La madera viene de un bosque, el grafito de una mina, la goma de una plantación, el metal de otra mina. Miles de personas que no se conocen colaboran sin que nadie las dirija. Lo contó Leonard Read en 1958, en «Yo, el lápiz».

Lo que las coordina son los precios. Hayek lo explicó así: el conocimiento está repartido en millones de cabezas, y ningún planificador puede reunirlo. El mercado lo usa sin necesidad de reunirlo.

Yo, el lápiz

Miles de personas que no se conocen colaboran sin que nadie las dirija. Las coordinan los precios.

Leonard Read, «Yo, el lápiz» (1958). Lugares de ejemplo.

Todos preferimos tener algo hoy a tenerlo mañana. Esperar tiene un precio: el interés.

Si te ofrecen 100 € hoy o 100 € dentro de un año, eliges hoy. Para esperar, pides algo a cambio. Los austriacos lo llaman preferencia temporal, y el tipo de interés es su precio.

Quien ahorra renuncia a consumir hoy. Ese ahorro es lo que permite fabricar máquinas, abrir negocios y, mañana, producir más. Sin ahorro no hay capital, y sin capital no hay riqueza.

Del ahorro a la riqueza

El empresario es quien ve antes que nadie algo que la gente quiere y todavía nadie ofrece.

Para la escuela austriaca, el protagonista de la economía no es el Estado ni la gran empresa, sino el empresario: alguien que arriesga su dinero apostando por lo que cree que la gente valorará.

Si acierta, gana, y todos tenemos algo nuevo. Si se equivoca, pierde su dinero, no el de los demás. El beneficio no es un robo: es la señal de que ha servido a otros mejor que nadie.

La apuesta de un empresario

Muchas de las mejores cosas que tenemos no las diseñó nadie: salieron solas de millones de decisiones.

Hayek lo llamó orden espontáneo: estructuras complejas que funcionan sin un plan central.

  1. El idiomaNadie inventó el español. Lo hicieron millones de hablantes a lo largo de siglos.
  2. El dineroNadie lo decretó al principio: surgió porque la gente buscaba algo que todos aceptaran. Lo verás en su etapa.
  3. Los preciosEn un mercado libre nadie los fija, y aun así coordinan a todo el planeta.
  4. Lo que se desprendeSi algo funciona sin que nadie lo dirija, hay que pensárselo mucho antes de dirigirlo desde arriba.

La escuela austriaca es una de varias. Conviene saber en qué discrepa de las otras.

La economía que se enseña en casi todas las universidades se apoya en modelos matemáticos y en la estadística. Los austriacos desconfían de que la economía se pueda medir como la física.

  1. En qué coinciden casi todosEn los precios como señal, los incentivos, el comercio libre y el daño de imprimir dinero sin freno.
  2. En qué discrepanSobre todo en el papel del banco central y del gasto público en las crisis. Keynes pedía gastar más; los austriacos, dejar que se corrijan los errores.
  3. Por qué merece la penaPorque te enseña a hacer siempre dos preguntas: ¿qué no se ve? y ¿quién lo paga?

Comprueba lo que has aprendido.

Un ayuntamiento derriba un puente viejo y lo construye de nuevo para «crear empleo». ¿Qué te preguntaría Bastiat?

¿Por qué, según la escuela austriaca, un intercambio libre beneficia a los dos?

Lo que te llevas de esta etapa.

  • La economía estudia a personas que eligen, cada una con sus fines y su información.
  • Las cosas valen lo que alguien da por ellas. Por eso un intercambio libre hace ganar a los dos.
  • Mira siempre lo que se ve y lo que no se ve.
  • Nadie sabe hacer un lápiz: los precios coordinan lo que ningún planificador podría.
  • Sin ahorro no hay capital, y sin capital no hay riqueza. El empresario arriesga lo suyo para servir a otros.